Thomas L. Friedman, de The New York Times, publicó recientemente The World is Flat (El mundo es plano), en el que expone cómo la globalización está “aplanando al mundo”. Impulsadas por individuos de todos los rincones, las nuevas fuerzas de la globalización hacen posible hoy que mucha más gente se conecte, entre en esta dinámica y saque provecho de ella.
“La globalización es un fenómeno que comenzó cuando se abrió el comercio entre el viejo mundo y el nuevo mundo, hasta un poco antes de la revolución industrial. Se fundamentó en países y músculos. Su principal agente de transformación fue el Estado Nación y la fuerza dinámica que impulsó el proceso de integración global fue la cantidad de fuerza (músculo, caballos, viento y después vapor)”. A esta etapa, Friedman la denomina globalización 1.0.
Con la revolución industrial aparecen otros agentes de transformación. Las multinacionales se globalizaron tanto en mercado como en mano de obra. La integración se vio impulsada por la caída de los costos del transporte, la energía y las telecomunicaciones. La fuerza dinámica de esta etapa fue el desarrollo tecnológico, que se manifestó especialmente en los nuevos materiales que sirvieron para producir desde grandes barcos hasta aviones rápidos, la sofisticación de los instrumentos financieros y los semiconductores que dieron origen a la irrupción de los ordenadores. A esta etapa Friedman la denomina globalización 2.0.
Estamos ahora en la tercera era de la globalización, que se fundamenta en la revolución informática, el cable submarino (fibra óptica) y la red de redes (internet). El principal agente de transformación es el individuo impulsado por la conectividad y movilidad. La fuerza dinámica de esta era es la capacidad de los individuos de “colaborar y competir”, sin fronteras, a escala global.
Veinte años antes, Alvin Toffler en su best seller La tercera ola advirtió que “una poderosa marea se está alzando sobre gran parte del mundo, creando un nuevo y a menudo extraño entorno en el que trabajar”.
En este desconcertante contexto, en el que muchos nadan contra corrientes económicas erráticas, los emprendedores luchan desesperadamente contra el statu quo y los sistemas de valores se resquebrajan, emerge la “telecomunidad” –a la que yo llamo la comunidad virtual– como una nueva unidad de trabajo –y de emprendimiento– que posibilita que un gran número de personas trabajen desde su propio hogar, ayudados por los ordenadores y por las telecomunicaciones.
Friedman llama a esta era la globalización 3.0 y los interrogantes básicos serán: ¿Cómo encajo yo en esta competencia y en las oportunidades de mi tiempo? ¿Cómo puedo yo colaborar con otros individuos a escala global? Y continúa: “La globalización 3.0 aplana y encoje el mundo, y cada vez más estará impulsada por individuos de todos los rincones de esta Tierra plana, que ya están dotándose de poder”.
El internet, la conectividad, la subcontratación, la tercerización, las empresas off shore, la ubicuidad, las cadenas de abastecimientos, la digitalización y la movilidad conforman el poderoso brazo propulsor del fenómeno globalizador 3.0. Quienes se resistan al cambio quedarán atascados en el pasado y aquellos que sean capaces de crear valor a través de estas nuevas fuerzas impulsoras transformarán las industrias en las que compiten.




